Sillón De Cine

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Las clínicas de odontopediatría de hoy en día son algo mágico, cada odontopediatra tiene su magia y su forma de hacer que el consultorio sea lo más llamativo posible para los niños. La imaginación de los odontopediatras vuela pero, algo que casi todos tenemos en el consultorio es un televisor donde los niños pueden escoger su película o serie favorita para que se sientan como en casa.

Algunos niños no les llama la atención el televisor porque nunca lo utilizan en sus casas, otros están nerviosos y ni se dan cuenta qué hay un televisor en el lugar y a otros más bien les tenemos que bajar el volumen porque sino no nos ponen atención porque se transportan al mundo de la caricatura que estén viendo.

Muchos padres vienen nerviosos, ya sea porque ellos tienen algún miedo oculto o porque no saben como sus hijos se van a portar; cuando entran al consultorio se relajan porque les gusta la decoración y todas las cosas que tenemos para que los niños jueguen y algunos se quieren llevar a Lalo El Dragón o a Lucy La Jirafa a sus casas. Normalmente siempre hablo con los padres, y les explico todo lo que va a acontecer en el consultorio y ellos se terminan de relajar.

Hace unos días llegó Gabriel con su mamá a la consulta. Gabriel fue paciente de nosotros unos años atrás pero por cuestión de la vida no había vuelto, y ahora teníamos que realizar procedimientos un poquito más invasivos que la rutinaria limpieza. Su mamá tenía el nivel de estrés alto y estaba tratando de ocultarlo para darle fuerzas a Gabriel.

Gabri se sentó en la silla y escogió su programa favorito, colocamos las “hormiguitas dormilonas” para que su diente se durmiera y se portó súper bien. En ese momento ya la mamá se relajó un poquito.

-Gabriel: “¿Aquí no dan palomitas de premio?

-Dani: “No Gabri aquí no tenemos palomitas. ¿Por qué me preguntas?

-Gabriel: “Porque estoy tan cómodo aquí que lo único que necesito son las palomitas para sentirme como en mi casa.”

-Dani (riéndose): “Gabri, pero si te damos aquí palomitas no vamos a poder trabajar en tus dientes, acordate que necesitamos arreglar dos de tus muelitas.”

-Gabriel: “Todos podemos soñar.”

-Dani: “Tenés toda la razón, vamos a empezar de una vez para terminar rápido y así te podés ir a tu casa a comer palomitas.”

En ese momento la mamá de Gabriel me volvió a ver, se empezó a reír y me dijo: “Ahora si puedo respirar.”

La mayoría de las veces somos los adultos los que inculcamos miedo, ansiedad o estrés en la vida de los niños. Si vemos el caso de Gabriel es algo súper lindo ver que él hasta después de las “hormiguitas dormilonas” estaba tan relajado que pidió palomitas, su mamá controló bien el estrés y no se lo trasmitió. Estos pequeños gigantes son mucho más fuertes que lo que nos imaginamos, no dejemos que nuestros miedos los detengan a ellos en nada.

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